Cuando tu mente no se calla: lo que aprendí en la recta final de cada sprint
Fecha: 14 de agosto de 2025
Autor: Alexandro Trujillo
En mi trabajo como ingeniero de software, vivimos por sprints: ciclos cortos donde todo debe quedar listo para antes de iniciar otro. Aunque me considero bueno en lo que hago, hay un momento que siempre ponía a prueba mi cabeza: el cierre del sprint.
En esos días, las horas parecen ir más rápido que nunca. Hay que coordinar tareas, resolver problemas de último minuto y responder mensajes sin parar. Y junto con todo eso, aparece algo peor: los pensamientos intrusivos.
En mi trabajo anterior me di cuenta de que, justo al final de cada sprint, el estrés me jugaba en contra. No solo me agotaba mentalmente, sino que empezaba a cometer errores que, en otro momento, no habría cometido. Con el tiempo entendí que no era solo el ritmo, sino cómo me hablaba a mí mismo, la forma en que me lo exigia y lo que pensaba en esos momentos. La presión me llevaba a entrar en un bucle de: “Si fallo, esto saldrá mal”, “No voy a alcanzar a terminar”, “Si vuelvo a fallar me despiden”. Y ese tipo de diálogo interno no solo me hacía sentir peor, también empeoraba mis resultados.
Eventualmente, dejé ese trabajo. No fue solo por el estrés, pero sí fue uno de los factores que me llevó a buscar ayuda y dar un paso atrás para ver las cosas con más claridad. En ese proceso, conocí un ejercicio sencillo que viene de la Terapia Cognitivo Conductual (TCC). La idea es simple: lo que piensas afecta lo que sientes, y lo que sientes afecta lo que haces.
Desde entonces, cuando mi mente está saturada, escribo tres cosas:
- ¿Qué estoy sintiendo? Nombrar la emoción me ayuda a reconocerla: ¿ansiedad, frustración, culpa?
- ¿Qué lo está provocando? A veces es obvio, otras no. Pero al escribirlo, deja de pesar igual.
- ¿Qué puedo hacer hoy con eso? No busco una solución perfecta. Puede ser delegar, pedir ayuda, lo cual era lo que solia evitar o simplemente darme un respiro.
Antes, al final del sprint, el estrés me llevaba a cometer errores y sentirme desgastado. Ahora, cuando detecto que estoy entrando en ese modo, escribo. Además, me tomo un momento para recordar todo lo que he hecho bien y los logros que he tenido. Hoy me apoyo en sistemas y hábitos que me ayudan a trabajar mejor, pero todo empezó por cambiar cómo me hablo y qué pienso en esos momentos críticos.
Si alguna vez sientes que tu mente no se calla, prueba este ejercicio. No tiene que ser perfecto, solo tuyo. Tal vez descubras que cambiar lo que piensas puede cambiar cómo te sientes… y aún mejor -> lo que haces.
💬 Me encantaría saber tu punto de vista:
- ¿Has probado algo similar cuando sientes que la mente no para?
- ¿Te funciona escribir o usas otro método?
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